“De la neurosis obsesiva al pensamiento calculador”

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Hablamos sobre los pensamientos obsesivos y explicamos en qué se diferencian del Trastorno Obsesivo Compulsivo

29 ago 2018 · Lectura: min.
“De la neurosis obsesiva al pensamiento calculador”

Con respecto al pensamiento obsesivo, en 1909 Freud plantea lo siguiente:

"Mi definición de las representaciones obsesivas, dada en 1896, según la cual son unos «reproches mudados, que retornan de la represión y están referidos siempre a una acción de la infancia, una acción sexual realizada con placer», me parece hoy formalmente objetable, por más que esté compuesta con los mejores elementos."

Y más abajo agrega:

"Es más correcto hablar de un «pensar obsesivo» y poner de relieve que los productos obsesivos pueden tener el valor de los más diferentes actos psíquicos."

Pensar obsesivo, pensar patológico. También, por qué no, pensar calculador, narcisista o fálico, como lo hemos llamado en otros puntos de nuestro recorrido. Así como se habla de histerización en el obsesivo o del "discurso histérico", que no se confunde con la posición subjetiva histérica, quizá podamos afirmar que esta modalidad de pensamiento no habría que pensarla privativa de la neurosis que lleva en su nombre tal adjetivación. Forma parte, inclusive, diríamos, de la mentalidad occidental moderna.

¿En qué sentido? Pues bien, se trata de la sustitución falseadora (falso enlace) constitutiva del acto racional mismo, allí donde la angustia es causa de la duda y señal de un real expulsado del saber. Ese Real no es sino la diferencia irreductible (intolerable, inconciliable) que la omnipotencia de nuestro deseo infantil pretende desconocer, pero que no engaña.

Se llama la falta, y conlleva una renovada concepción ética no supeditada al Ideal. Y esa carencia, resulta ser la definición misma del núcleo de nuestro sujeto, falto en ser. El dudar, en tanto escisión subjetiva entre S1 y S2 – definición del sujeto lacaniano - es la sintomatización o dialectización (no sintética) de la certeza que implica ser objeto del deseo del Otro. El afecto.

En "El reverso del psicoanálisis", Jacques Lacan dijo:

"El pensamiento no es una categoría. Diría casi que es un afecto. Aunque sólo fuera para decir que es el más fundamental desde la perspectiva del afecto. Que sólo haya un afecto, es algo que constituye cierta posición, introducida como nueva en el mundo…"

¿Cómo leer esta genialidad? Yo creo que es un modo radical de sentenciar que, lógicamente hablando, antes de ser pensantes somos pensados por el Otro. Estar advertidos de ello - de que Ello piensa – implica una vacilación y una apuesta por la inconsistencia de nuestro ser pensante tan racional, tan calculador, macho, fálico, fuerte. Amo. Más que barrar al Amo, diríamos que se trata de… amar la barra.

Por eso el pensamiento crítico, desasido, separado, suelto, castrado, feminizado es uno de los destinos inevitables a los que conduce un transitar el psicoanálisis. Porque es relanzar la creencia y la fe en la pregunta, es ponderar y justipreciar el valor del cuerpo en tanto que sede de un afecto-señal al que llamamos angustia y que debería ser nuestra brújula mucho más que nuestras racionalizaciones defensivas permanentes, fantasmáticas, yoicas.

El pensamiento como categoría es tal vez lo que la Ciencia hace con los afectos, así como reduce la lengua a la idea de un Lenguaje pasible de ser estudiado, soporte de la ilusión de comunicación. Lacan nos habló del inconsciente como un savoir-faire con esa la lengua primitiva. Pero ¿qué es esa la langue? Dice Enrique Millán:"… un neologismo para hablar del lenguaje en tanto atraviesa, marca, escribe un cuerpo en la medida en que está comprometido con algún goce, en la medida en que constituye la estofa de la constitución de un sujeto." 4Saber hacer con la lengua implica, en definitiva, tomar la palabra críticamente hablando. Y esto no admite estándares ni caminos "tipo".

Por eso hemos enfatizaremos en la Segunda parte la cuestión del estilo. La experiencia del análisis, según Freud, apuntaba o traía como corolario un mejoramiento en dos órdenes específicos: el del trabajo y el del amor. Nosotros agregaríamos que, indefectiblemente, hay una tercera vicisitud y que es la puesta en acto de un pensar diferente, desprendido de las directrices omnipotentes, controladoras, renegadoras, posesivas, despóticas e infantiles.

Un pensar menos anal, también, en el sentido de no-retentivo, abierto a la fluctuación sorpresiva del discurrir significante, sin que eso tampoco implique ser devorado por el pensamiento (lo oral). Invirtiendo la fórmula de Daniel Mutchinick, hablaríamos de una ocurrencia de la ética, en la dirección de una ruptura contingente, que no puede preverse como sí, en cambio, moralmente el yo puede evaluar y juzgar una decisión antes de llevarla adelante, atribuyéndose una potencia y una eficacia que no tiene.

Ético es el valor de lo singular en su despliegue, allí donde la uni-versión (el pensamiento único) pretende imponerse totalitariamente, aunque aparezca siempre disfrazada de revolución, renovación o "cambio". Solamente se está reacomodando para dominar mejor y más astutamente el campo circunscripto para el despliegue de su «voluntad de poder» (pulsión).

Lo único que puede atemperar, acotar, interrumpir esa soberbia, ambición y avaricia del PODER – pulsional, en definitiva - es el accionar de un nuevo sujeto que desde su amor ilimitado (referencia del Seminario XI) haya renunciado a su objeto y pueda ir más allá de la Demanda del Otro que exige, superyoicamente: ¡Goza! Ahora bien, esa tarea sólo puede llevarla adelante el Hombre-desasido, no el estulto, y como diría Fernando Ulloa, toda transformación societal, empieza por casa.

Cuando el militante proyecta al campo social conflictos neuróticos irresolutos (tomemos el ejemplo del militante de Cambiemos Alejandro Rozitchner), eso se nota y mucho, en particular por la profunda impotencia e ineficacia real de cualquier acto (opinión, publicación, etc.) llevado a cabo por alguien así. No faltan los ejemplos de militantes más "de izquierda", lamentablemente. Y la inversa tampoco está faltante, a saber, la ausencia de criterios políticos, históricos, sociales, etc., en psicoanalistas e intelectuales.

La falta de "jugada" en relación a temas candentes desde el punto de vista coyuntural. La asepsia de consultorio, entendido como "cosa privada". Nosotros leemos en eso, un síntoma de clase. No es más que reproducción de una lógica interna a la lucha de clases. Nada de casualidades dentro del campo psicoanalítico y ciertos "líderes" a-políticos. Para decir las cosas muy rápidamente y a riesgo de ser incomprendido: la falta de pensamiento crítico (incluido en el aspecto político de toda comunidad) dentro del mundillo psicoanalítico es equivalente a una falta de análisis en sí misma. Mucha teoría, muchas frases hechas a las que se les atribuye un Supuesto Saber, muchos cursillos, mucha demanda de esto o de lo otro, fundación de Escuelas, publicación numerosa de ideas "nuevas", etc., pero poca implicancia societal, política, pública, muy evidente sobre todo durante estos últimos tiempos que el neoliberalismo tecnocrático, de derecha y fascista ha venido nuevamente a hincar sus dientes en nuestras carnes latinoamericanas.

La sensación es que algunos no han sabido cómo reaccionar, o que todavía no saben bien de qué lado de la "grieta" quedaron. Posiblemente, porque no quieren fallarle a su Líder, o tal vez porque este ya les falló y no se reponen del ataque de pánico que les causó la caída del Ideal. La caída del Ideal del yo o del I (A) en términos más lacanianos, no sería un problema (queremos decir: la falla del Otro), si no su renegación, que eso sea desestimado. Hacer como que "aquí no ha pasado nada, señores".

Por suerte, todavía hay jóvenes (no sólo en términos cronológicos) que se mueven y lo digo muy en serio. Todavía quedan quienes no se tragan el chamuyo de la chapa y ponderan el pago oneroso en términos de un goce ruinoso que debe hacerse cuando se quiere seguir "perteneciendo" a los elegidos. Léase: los que tienen la posta, la elite, el centro, la crema de la crema. En el barrio, cuando éramos pibes, se les decía "la gilada". También algunos adictos se refieren así a la sustancia de su adicción, esto es, a la cocaína. Posiblemente, haya alguna relación entre ambas circunstancias.

Es que el neurótico es a-dicto al Ideal. Un fanático inconfeso. Es decir, todo lo opuesto a un librepensador. El hombre desasido, que cedió el goce de la estulticia, puede posicionarse ante ciertos lugares comunes desde un lugar diferente. Ni siquiera vamos a decir aquí si mejor o peor. Solamente, distinto. Pero muy distinto.

Buenos Aires. Año 2018

Escrito por

Losange clínica psicoanalítica

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