Migrar y sostenerse: el impacto emocional del desarraigo
Migrar no es solo cambiar de país. Es también reconstruirse emocionalmente, sostener lo propio en un nuevo entorno y enfrentar duelos invisibles que pueden generar ansiedad, soledad y desorientación interna.
Introducción
Migrar implica mucho más que mudarse geográficamente. Es atravesar una transformación vital profunda. Se trata de dejar atrás lugares, vínculos, costumbres, climas, comidas, sonidos y sobre todo, la sensación de pertenencia. La migración impacta en múltiples niveles: emocional, vincular, identitario. Muchas veces, estos efectos no se visibilizan ni se legitiman, porque desde afuera se espera que migrar sea sinónimo de oportunidad, de mejoría. Pero no siempre es así. O no lo es del todo. Y aunque haya un nuevo comienzo posible, el proceso también incluye duelos, ansiedad, vacío y una profunda sensación de desarraigo. Este artículo explora esos efectos emocionales y cómo la psicoterapia puede acompañarlos.
Los múltiples duelos del migrante
El psiquiatra Joseba Achotegui describió el 'Síndrome de Ulises', una forma de estrés extremo que experimentan quienes migran en condiciones adversas o con duelos múltiples. Aunque no todos vivan migraciones traumáticas, sí comparten un conjunto de pérdidas: la familia, el idioma, el rol social, la pertenencia, las referencias culturales.
Incluso si la migración fue elegida, estos elementos se pierden —al menos temporalmente— y requieren ser elaborados. Estos duelos no tienen ritual, ni espacio social claro para ser expresados. Se llevan por dentro, en silencio, muchas veces con culpa por sentirse mal cuando 'deberían' sentirse agradecidos.
Incluso las pequeñas cosas —una comida, una expresión, una canción— pueden activar la añoranza. Es un duelo fragmentado y persistente. A veces se manifiesta en lo corporal: insomnio, contracturas, cansancio emocional sin causa aparente.
Identidad en tránsito
Migrar también pone en jaque la identidad. Las personas suelen preguntarse: ¿quién soy en este nuevo lugar?, ¿cómo me ven?, ¿dónde encajo?, ¿cómo me explico? Hay un descentramiento subjetivo: se pierde la familiaridad del entorno y, con ella, la coherencia interna que ese entorno sostenía. Lo que era espontáneo en el país de origen, ahora requiere esfuerzo: hablar, relacionarse, comprar, pedir ayuda. Esto puede generar ansiedad, retraimiento o inhibición. La persona migrante no solo se adapta al afuera: también tiene que reorganizar su mundo interno para seguir sintiéndose sí misma, pero en otro idioma, en otra lógica, en otro cuerpo incluso. Ese proceso de reconstrucción identitaria lleva tiempo y energía emocional. Muchas veces también se enfrenta al prejuicio o la desconfianza social, lo que puede generar sentimientos de desvalorización o exclusión.
Ansiedad, soledad y ambivalencia
Uno de los efectos emocionales más frecuentes de la migración es la ansiedad. No solo por el cambio, sino por la falta de red afectiva, de referencias internas, de certezas. Todo es nuevo. Aparece una sensación de vigilancia constante, de hiperalerta. Y también una soledad profunda, aunque haya gente alrededor. Porque estar acompañado no es lo mismo que sentirse acompañado. Además, se suma la ambivalencia emocional: se extraña lo que se dejó, pero también se valora lo que se está construyendo. Se desea volver, pero también quedarse. Esa ambivalencia, muchas veces, genera culpa o confusión, como si no se pudiera estar bien en ningún lado del todo. El cuerpo muchas veces expresa lo que la mente no puede poner en palabras. La ansiedad puede manifestarse con síntomas físicos que el entorno médico no logra explicar fácilmente.
Presión por adaptarse y rendir
La persona migrante suele sentirse exigida a demostrar que 'valió la pena' irse. Esto puede generar una presión intensa por adaptarse rápido, rendir, mostrar logros. Se oculta el malestar, se posterga el dolor.
Muchas veces se entra en una lógica de supervivencia emocional: hacer, hacer, hacer para no sentir. Pero lo no dicho se acumula. Y puede salir en forma de ansiedad, insomnio, irritabilidad, tristeza, desconexión o crisis de sentido. Por eso es clave habilitar espacios donde el malestar también tenga lugar.
Donde no haya que justificarse ni rendir cuentas todo el tiempo. Es importante recordar que no es necesario estar bien todo el tiempo. Migrar también implica duelar, perder, reconfigurarse.
La psicoterapia como anclaje
La psicoterapia online con un/a terapeuta que hable el mismo idioma emocional se vuelve un anclaje fundamental. Un espacio para procesar la experiencia migratoria sin juicios, sin presiones. Allí se pueden nombrar los duelos, revisar la identidad en tránsito, resignificar los vínculos y, sobre todo, recuperar un lugar interno de sostén y pertenencia. No se trata solo de adaptarse al país nuevo, sino de poder habitarse a una/o misma/o con mayor profundidad. Darle lugar al dolor, al deseo, a la incertidumbre, sin tener que explicarse todo el tiempo. Tener un espacio de continuidad, aunque todo alrededor esté cambiando, puede marcar una gran diferencia emocional.
Habitarse en movimiento
Migrar no es una línea recta. Es un movimiento constante entre lo que se dejó y lo que se construye. Entre la nostalgia y la posibilidad. Entre la pérdida y el deseo. La psicoterapia acompaña ese tránsito, no para resolverlo rápidamente, sino para habitarlo con mayor conciencia, humanidad y presencia. Porque migrar no debería implicar perderse a una/o misma/o. Al contrario: puede ser la oportunidad de reencontrarse desde un lugar más libre, más profundo, más elegido. Y para eso, hace falta un espacio donde también lo que duele, lo que incomoda y lo que se extraña pueda ser dicho y acompañado. El dolor migrante necesita ser escuchado, comprendido y validado. Solo así puede transformarse en aprendizaje, en reconstrucción, en posibilidad.
Referencias bibliográficas
- Grinberg, L. & Grinberg, R. (1984). Psicoanálisis de la migración y el exilio. Paidós.
- Achotegui, J. (2009). El síndrome de Ulises. Gedisa.
- Boss, P. (2006). Pérdida ambigua. Gedisa.
- Kogan, I. (2016). Exilio y duelo. Revista de Psicoanálisis (APdeBA).
- Sluzki, C. E. (1992). La migración y su impacto sobre la familia. Revista de Psicoterapia.
- Aportes desde la clínica con personas migrantes, duelos múltiples, desarraigo, trauma cultural e integración identitaria.
Las informaciones publicadas por MundoPsicologos.com.ar no sustituyen en ningún caso la relación entre el paciente y su psicólogo. MundoPsicologos.com no hace la apología de ningún tratamiento específico, producto comercial o servicio.
¿Querés seguir leyendo?
¡Muy fácil! Accedé gratis a todos los contenidos de nuestra plataforma con artículos escritos por profesionales de la psicología.
Al continuar con Google, aceptás nuestras Condiciones de uso y Política de Protección de Datos
Ya tengo una cuenta. Iniciar sesión.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD